“Pierdo uno o dos días de trabajo”: el impacto de la lluvia a los comerciantes
La postal se repite. Cada vez que llueve fuerte en Comodoro Rivadavia, algunas zonas quedan anegadas, los vecinos pierden mercadería, el barro invade todo y la rutina diaria se transforma en limpieza y recuperación. Este jueves, en medio del alerta naranja, la historia fue la misma para muchos. El día después, como de costumbre, queda volver a la rutina, pero limpiando y evaluando daños.
En la intersección de Kennedy y Juana Azurduy, en el barrio Juan XXIII, Juan —propietario de la Librería Colegiales— enfrentaba otra jornada más entre agua y barro. Botas de goma, cepillo en mano, y la rutina de siempre: sacar lo que entró con la tormenta.
“Tenemos la situación de siempre cuando sube un poco el agua. Ahora cayó una fuerte lluvia en 10 o 15 minutos y fue lo suficientemente devastador para que entrara agua y esto se tapara”, contó a Diario Crónica mientras limpiaba la vereda de su local.
El comerciante relató que “esto era una laguna de agua y barro, agua que entra en locales, en las viviendas; la calle se hace intransitable por el barrial”. Y explicó el impacto directo que eso tiene en su trabajo: “Comercialmente, me veo perjudicado porque las calles están todas con barro y la gente no para. Pierdo uno, dos días de trabajo, o más. Pero siempre es lo mismo: cuando hay inundaciones es sacar agua”.
Esta vez, el agua no ingresó en gran cantidad y pudieron evacuarla rápido. Pero no siempre es así. “Hay otros momentos donde quizás no es tan fuerte y nos hemos tapado de barro y agua. Nos perjudica también psicológicamente, mentalmente”, reconoció.
Con 30 años de trabajo en ese mismo lugar, Juan contó que cada temporal es una nueva complicación. “Así que acá me ves, sacando barro y agua desde tempranas horas”, dijo, resignado.
El jueves, ante la llegada de la tormenta, tuvieron que cerrar temprano. “Levantamos la mercadería y empezamos a sellar. Cerramos a las 6 de la tarde. Normalmente, cerramos a las 20 horas, pero tuvimos que poner las compuertas y retirarnos”, relató.
El recuerdo de 2017
La situación lo remite inevitablemente a un recuerdo imborrable para muchos comodorenses: la catástrofe de 2017. “Ese año fue terrible, mejor no acordarse mucho de esa época… pero lo peor de todo es que vas envejeciendo y no ves nada mejor”, dijo con tono amargo.
La charla con Crónica finalizó con una reflexión: “Espero que alguien venga alguna vez con sentimiento, con ganas de trabajar, de hacer cosas para la ciudad. Que hagan cosas por la ciudad, que es lo que queremos todos los comodorenses”.