2025-02-15

La disputa por un terreno en el “Rincón del diablo”

“Okupas”: Sacaron la custodia policial y la mujer y sus hijos desalojados temen por su integridad física

A primeras horas de la mañana de ayer de manera sorpresiva las consignas y custodias policiales que dos días antes habían quedado para resguardar la casa y los bienes materiales de las personas involucradas, se fueron de la calle de la casa usurpada en Urquiza 1.080 y acrecentó al temor de la denunciante, la docente Olaga Mansilla (45) cuyo caso difundiera Crónica en su edición anterior.

Se trata de una compleja y no menos polémica situación del por qué aprovechando que la docente y sus hijos de 19 y 20 años se ausentaron desde las 16:30 hasta las 19:45 del miércoles para acudir a una clínica, un grupo de al menos 4 personas -dos de ellas de apellido Córdoba- se introdujeron y usurparon la casa, y con la presencia de la abogada Maria Laura Cáceres que dice representarlos, pese a que al menos alguno de los usurpadores tenía restricción de acercamiento a la familia damnificada por el lapso de 3 meses por resolución judicial.

“La verdad, este terreno que me usurparon y en el cual yo estaba hace 10 años con mis hijos y mi pareja tenía su propietaria, una mujer que decidió irse del País y me dejó la casa a cargo con un poder para pagar algunos suministros, pero fue pasando el tiempo y como la futura propietaria no dio señales, reconvirtieron lo que iba a ser una futura propiedad, en terreno fiscal...”, señala la mujer que en la tarde del viernes exteriorizaba su temor ante la llegada de conocidos y amistades de los usurpadores.

“Hay gente de mal vivir que en cualquier momento van a querer enfrentarnos con violencia junto a mis hijos, tenemos miedo cuando llegue la noche, y eso policía lo sabe” acotó la mujer, mientras su representante legal peticionaba ante las autoridades judiciales de turno que agilicen una resolución judicial para que los usurpadores abandonen la casa, o que utilicen la fuerza pública para que así sea.

Lo concreto es que en horas de la tarde reinaba lo que asemejaba a una “calma chicha” como una bomba de tiempo cuya mecha podría encenderse en cualquier momento. La tensión entre las partes continuaba.

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