2024-12-20

“El Nido Gaucho” se convierte en otra página de la historia de Comodoro Rivadavia

Un emblemático espacio gaucho de la ciudad se convirtió en noticia en las últimas horas al anunciar el cierre definitivo de sus puertas luego de 34 años de permanencia en Viamonte 965, un lugar al que llega con historia previa en un sector “más cercano al Chile Chico, frente al Estadio de Huracán”, cuando Máximo Díaz era su propietario.

Es que El Nido Gaucho comienza a recibir a parroquianos y a artistas folclóricos y tangueros en la esquina de 12 de Octubre y Alvear pero, una vez en manos de otra figura tradicional “del fogón y la mano extendida” como lo fue Antonio Oscar, el “Michi”, Ferreira, fijó su nuevo domicilio en calle Viamonte, casi casi Sarmiento.

Precisamente, a mediados de año y por el fallecimiento del “Michi”, el antiguo bodegón campero de la ciudad fue recordado y rescatado del baúl de los recuerdos, al igual que aquel hombre que entregó prácticamente su vida por sostener un lugar tradicionalista que, como muestran las paredes del recinto gaucho, se engalanan aún con las fotos recuerdos de quienes han participado como músicos o cantantes -locales y nacionales- en cada encuentro de amigos.

Pero, durante estos 34 años de permanencia, el “Michi” no sólo se entregó a ese bar y peña que, silenciosamente, se convirtió en el reducto de encuentro de conocidos y amigos sino que, además, inculcó en su familia -su esposa y sus hijos- ese amor por las tradiciones argentinas, por la confianza en el paisano, por las populares comidas de olla, algún asado a la parrilla o aquel otro al asador y con cuero.

En el transcurso de su historia El Nido Gaucho recibió a cientos de artistas, a incontable cantidad de parroquianos -aquellos de paso y otros permanentes y fieles-, recibió reconocimiento como “de interés cultural” y el aplauso permanente en cada almuerzo o en cada cena que quedarán en el recuerdo de los buenos tiempos, aquellos del abrazo apretado, de una mano franca recibiendo a los clientes que se transformaban en amigos y en la memoria propia de una ciudad petrolera que también tuvo, en El Nido Gaucho, su apogeo de danzas folclóricas, de amistad pueblerina, de vino en damajuana o de bombos y guitarras entre locros y empanadas.

Te puede interesar