En 2023 la tasa de natalidad en Comodoro estuvo por debajo de los 9 nacimientos cada 1.000 habitantes
Al respecto, el Jefe de Neonatología de la Clínica del Valle, Tomás De Villafañe se refirió al tema, en diálogo con Crónica, indicando que “no es una tendencia a nivel local, no es algo que está pasando en Comodoro Rivadavia o en Chubut, sino que es algo que está pasando a nivel nacional e internacional. Las tasas de natalidad tienden a caer en gran parte del mundo, incluso en algunos lugares la tasa de fecundidad, que es otra forma de medir nacimientos”.
Sobre ello, precisó que “la tasa de natalidad mide la cantidad de nacimientos cada 1.000 habitantes, y la tasa de fecundidad mide la cantidad de nacimientos por mujeres de una población. En algunos lugares, la tasa de fecundidad está por debajo de 2 y la importancia de esto es que se estima de 2 a 2,1, es la tasa para mantener estable a tu población. Esperarías que en promedio, cada mujer tenga un poquito más de 2 hijos, porque dentro de todas las personas que nacen va a haber un pequeño grupo que va a fallecer antes de llegar a la edad reproductiva y tener nuevamente hijos”.
Además, el médico expresó que “es un fenómeno global, y Argentina y Comodoro Rivadavia no son la excepción; entre los años 2010 y 2011 la tasa de natalidad llegó a estar por encima de los 20 nacimientos cada 1.000 habitantes, y desde entonces ha habido una caída sostenida, un poco más acentuado o menos acentuado dependiendo de la región o el año, pero ya el año pasado que es la última estadística que hay disponible en Nación, estuvo por debajo de los 10 nacimientos”.
Así, recalcó que “estamos hablando de la mitad de lo que había hace 10 años, y particularmente en el área de Comodoro estuvo por debajo de los 9 nacimientos cada 1.000 habitantes”.
Una tendencia que no se revertiría
Haciendo el análisis del panorama, De Villafañe subrayó que “no hay ningún indicador de que esta tendencia vaya a revertirse a corto plazo, y naturalmente esto va a tener un impacto en múltiples áreas; cuando digo esto me refiero en ambos sentidos, uno puede tomarlo como una oportunidad y puede también reconocer algunos riesgos”.
Bajo este contexto, dijo que “al mencionar la caída en la matrícula de inscriptos a primer grado en los colegios, esto se va a profundizar porque estamos viendo a los nacidos en 2018 y 2019, en cinco años se va a ver una tasa de natalidad todavía más baja, porque la tendencia va a acentuarse los próximos años”.
También, recalcó que “es una oportunidad si uno lo considera desde el recurso, son menos personas que van a recibir intervenciones de mucha mayor calidad, particularmente en las áreas de salud y educación, si tengo la misma cantidad de recursos y los concentro en menor cantidad de personas es una oportunidad para mejorar la calidad de los servicios de atención pediátrica que históricamente han tenido una gran cantidad de tareas y van a poder concentrarse en menos pacientes”. Y continuó: “abre la puerta a que se mejore la calidad de atención, y lo mismo debería replicarse en términos de educación, con un mismo recurso, menos personas”.
Sobre los riesgos, apuntó que “la pirámide poblacional va a dejar de ser una pirámide y convertirse en una columna, va a ser cada vez más común que las poblaciones en cada grupo de edad tengan un mismo tamaño, y que la sobrevida sea cada vez más extensa. Si bien la tasa de fecundidad ha caído, la de crecimiento poblacional se mantiene porque no mueren tantas personas como antes. Sigue habiendo un balance positivo poblacional, porque la expectativa de vida ha pegado un salto; hasta que entremos en equilibrio y la población deje de aumentar, en términos inter-generacionales, estamos hablando de 20 o 30 años cuando entre en equilibrio nacimientos y decesos”.
Asimismo, recalcó: “cabe la posibilidad de que la población empiece a achicarse y con esto se vea afectado obviamente el sistema jubilatorio, pero es importante que se trace un plan para los próximos 20 o 30 años, en términos de salud, de educación, y de jubilación”.
Múltiples factores
En cuanto a los factores que influyen en esta tendencia a la baja natalidad, De Villafañe indicó que “es probable que alguien sugiera que favorece la interrupción voluntaria del embarazo y la realidad es que la caída de la tasa de natalidad tienen inicios en 2010 y 2011, y ha tenido una caída sostenida, recién en 2020 se sancionó la Ley de interrupción y hasta que se implementa y comienza a tener impacto es mucho más tardío, entonces atribuirlo a ello, desde el punto de vista estadístico es errado”.
De este modo, precisó que “uno de los principales factores que se vio a nivel mundial y se asocia a la caída de la natalidad es básicamente la caída de la mortalidad infantil, y la otra el enriquecimiento de la población: a medida que las poblaciones se enriquecen, suelen tender a tener hijos a mayor edad y menor cantidad”.
En cuanto al futuro, planteó que “es muy difícil predecir; obviamente hay un componente social y cultural en la decisión de la familia de ser más pequeño ese formato o de familia numerosa, que ya no es lo que elige la gente. Desde el punto de vista del derecho reproductivo no podría dar ningún imperativo a cualquier familia sobre tener hijos o no, pero es difícil predecir qué va a pasar a largo plazo”.
Incluso, recordó que “hay nichos culturales en los cuales la tasa de natalidad permanece alta como, por ejemplo, por motivos religiosos, esto en algún momento podría invertirse.
Uno podría estimar que la cuestión sociocultural y especialmente lo religioso tiene un patrón hereditario, o sea, las familias o los padres que estén afiliados a una región tienen más chances de que sus hijos permanezcan afiliados a una religión y si culturalmente se tiende a tener más hijos que eso se perpetúe en las generaciones siguientes, entonces en algún momento si esas poblaciones prevalecen por tener mayor tasa de natalidad, que esto en algún momento se invierta”; no obstante, afirmó que “desde el punto de vista teórico, no se ha visto por lo menos en los países desarrollados este fenómeno que se haya invertido; y un dato interesante es que incluso en poblaciones con alta tasa de afiliación religiosa, si bien tienen a tener más hijos, tienen menos hijos que generaciones previas”.
Finalmente, aseveró que “también está la cuestión de las políticas sociales, la expectativa social económica como un factor determinante, porque si uno tiene el deseo reproductivo lo va a tener igual, pero posiblemente influya en la cantidad de hijos que decida tener cada familia. Por ejemplo, las licencias por maternidad y paternidad hoy en Argentina, son ultra cortas y las madres tienen opción de extenderlo pero sin ingresos, entonces es disuasorio. Además, las tareas de maternidad y paternidad recaen mucho sobre el grupo familiar nuclear, el exclusivo cuidado de la madre y el padre” concluyó el profesional.