Categoría A
Petroquímica y un 4-0 que fue producto de la eficacia
Ganar y golear es producto de la consecuencia. Petroquímica demostró la realidad que también marcan los números. Superó al Deportivo Portugués dejándolo sin argumentos y desnudando flaquezas. Con dos goles de Benjamín Pedrosa, uno de Mateo Acosta y un restante de Benjamín Herrera, el Verde pareció recuperar su autoestima y redondeó un 4-0 que obliga a la visita, a replantear nuevamente su futuro.
El factor común fueron las modificaciones y los cambios que ambos afrontaron por lesiones y suspensiones. Aunque la situación resulte propia de la saturación y de la carga de partidos ni Petroquímica, ni Portugués transitan por el camino de la disponibilidad, ni de los planteles completos.
El Verde volvió a su cancha, dispuesto a sostener su estructura y a replicar su habitual estrategia con otros intérpretes. Y en principio lo logró con Mateo Loncón plantado como cinco y con Herrera y Pedrosa como referencias de ataque. Tuvo el gol desde una siesta defensiva: Mateo Acosta recibió en las puertas del área y sin defensas que lo bloqueen; remató fuerte y abajo, lejos de Mora para el 1-0.
Tadeo Sotomayor pareció destacarse en un Portugués no tan light. El diez probó siempre desde afuera y asistió a Enzo Cerdá que, tras ganar en velocidad, desvió una entrada franca. Lo que no tenía como fortaleza atrás, lo potenciaba cada vez que se lanzaba a la conquista del territorio ajeno. Ahí el Lusitano parecía ambicioso y dispuesto a ocupar todos los espacios.
La eficacia terminó siendo la diferencia porque Petroquímica hizo dos goles en un minuto. Primero una doble combinación entre Herrera y Pedrosa derivó en una aparición libre de éste y enseguida una falta de Levie contra Herrera dio paso a un penal que el propio nueve se encargó de facturar.
Portugués movió las piezas y modificó posiciones para recuperar confianza. Sotomayor volvió a ser el sostén mientras el Verde no pasaba sobresaltos y, por el contrario, llegaba al cuarto por otra buena definición de Benjamín Pedrosa.
El local supo mantener el control y administró con inteligencia lo invertido. Portugués perdió siempre la pelota con rapidez y probó sin suerte, los nervios del debutante Milcíades Areco. Y aunque la diferencia puede resultar exagerada refleja con nitidez, el trámite del encuentro. Uno que pareció hacer lo correcto y golpear en el momento justo, producto de sus propias certezas y otro que no pudo encontrar el rumbo y sufre cada vez que mira la tabla. Ni siquiera la última bola, que dejó a Cerdá con el arco vacío después de sortear al arquero, le permitió la descarga emocional que quizás necesitaba.