Violencia en el fútbol
Cambiar métodos para distintos resultados
El martes por la noche, en la Liga de Fútbol, se desarrolló una reunión entre Comité Ejecutivo, presidentes de clubes, representantes de árbitros y tribunal de disciplina. Las exposiciones se repiten, cada quien atiende su juego y la prenda, siempre la paga el fútbol.
Nada que se desconozca salió a la luz en el debate que realizó el fútbol comodorense a raíz de los hechos de violencia que se presentaron el fin de semana pasado.
Cada una de las partes convocadas puso de manifiesto puntos de vista frecuentes y lógicos de acuerdo al lugar en el que están parados.
Los árbitros manifestando las peripecias que deben soportar de técnicos, jugadores, dirigentes y hasta de padres cuando tienen que dirigir partidos de las categorías formativas.
La insuficiencia del arancel, la desprotección en los casos de los partidos de inferiores, la escasez de aspirantes al arbitraje que hace que salten a la cancha algunos árbitros con capacitaciones mínimas… Todo atendible.
Cuando la exposición pasó hacia el lado de los dirigentes, afloró lo que manifiestan como un desigual derecho a defenderse de los informes arbitrales que castigan a jugadores, técnicos o directamente clubes. Que no hay espacio para descargos y que se termina adoptando como única verdad, lo que notifican los árbitros, salvo escasas excepciones.
Carlos Motto, titular de la Asociación Independiente de Árbitros.
Que muchos árbitros responden con insolencia, soberbia y hasta con agravios verbales que incitan a una respuesta de jugadores o entrenadores. Todo entendible.
Y desde el tribunal de disciplina, se dejó constancia que las actuaciones obedecen principalmente a todo lo que les llega en forma administrativa, con informes y descargos que se examinan detenidamente, antes de emitir un fallo.
También, y tal vez en una arista que los clubes podrán utilizar como un recurso, desde el cuerpo punitivo se estableció una apertura para que los dirigentes accedan a formular descargos orales o escritos, en casos puntuales, sin que haya una necesidad de notificación de correr vista. Todo entendible.
Independientemente de todo esto, la fuerza visible que empuja al fútbol hacia un estado de alerta, costó localizarla.
Estaba oculta en las razones de todas las partes y tiene que ver con entender que se está ante un enemigo que se esconde en cualquier lugar y que encuentra en el ámbito del fútbol, un espacio para volcar su intolerancia.
Ese disidente indeseable se disfraza con varios nombres y apellidos. Se lo puede localizar como desigualdad económica, discriminación, desempleo, delincuencia, exclusión social, que en definitiva son el adversario más desleal que puede existir en el ámbito de las entidades deportivas.
Si la inagotable energía dirigencial se enfocara más para ese costado semi-oculto, se podría empezar a notar una luz en el horizonte. La percepción de quien es merecedor de varias oportunidades en una entidad deportiva, debe ser prioridad, porque no todos estamos hechos y preparados para una convivencia que reclama tolerancia, hasta para los momentos de injusticia que toca sobrellevar.
Nada es fácil. Los clubes emiten una considerable voluntad en la contención, por más que en ocasiones se encandilen en la búsqueda de un resultado deportivo.
Es una disputa difícil que reclamará compromiso real y verídico. Desde ese punto, se puede esperar una partida distinta a las que ya estamos acostumbrados a padecer.