Magenta Magia, el proyecto de una apasionada por la costura que da una nueva vida a prendas usadas
Magui Gómez es costurera y con su oficio da una nueva vida a prendas. Con creatividad, ingenio y una gran pasión a su quehacer ha logrado potenciar su trabajo con la ropa desde una mirada sustentable, pero también desde una perspectiva en la que no sólo nos sirve para vestirnos, sino que nos representa.
En su proyecto Magenta Magia se dedica a arreglar y reformar prendas usadas, ropa heredada o con valor sentimental. También, diseña y confecciona indumentaria y accesorios en ediciones limitadas, actualmente está presentando productos realizados con tela teñida artesanalmente con flores nativas de los cerros patagónicos.
Crecer entre telas, hilos y agujas
Desde muy chica, para Magui, la costura fue algo natural en su cotidianidad. En diálogo con Crónica, contó: “La primera vez que tengo recuerdos de que entré en contacto con la ropa fue en la infancia, a los ocho años, que le hacía ropa a mis muñecas. En mi casa siempre hubo máquina de coser, a mi abuela siempre la vi coser, bordar y tejer, a mi mamá también, tengo un bisabuelo, que no llegué a conocer, pero sé que era sastrero y que le enseñó la disciplina a sus hijas”, dice.
Entre juegos y como algo natural, nació en ella un interés particular por la ropa y el proceso de crearla. “Empecé como cualquier niña a hacerle ropa a mis muñecas. Mi mamá se ve que me vio muy enganchada y me enseñó a hacer una sisa, que es lo que une las mangas con el torso. Después con el tiempo, yo seguía en el juego”, destaca.
Llegada la adolescencia de Magui, el amor por la ropa y la costura se vieron potenciados por las condiciones económicas y las particularidades de la ciudad. “En Comodoro la ropa siempre fue muy cara, muy inaccesible, yo vengo de una familia de clase media trabajadora y a veces no alcanzaba para comprar ropa. Creo que este era el motivo por el cual en mi casa siempre se hizo ropa, mi mamá me hacía mucha ropa a mí y a mis hermanas”, recordó.
Considerando esto, Magui cuenta que comenzó haciendo ropa y accesorios para ella, como carteras o bolsos con la máquina familiar que había en su casa, hasta que a los 16 años se anotó en un taller de costura. “Lo primero que hice en el taller de costuras fue refaccionar un tapado que era de mi abuela, que era hermoso y gigante, era un tapado sastrero súper antiguo, con hombreras gigantes para un cuerpo de 15 años de alguien que era muy chiquitita, así que mi primer trabajo fue justamente modificar una prenda, volver a darle una vida y una utilidad a una prenda que estaba guardada y que aparte era heredada. Eso siempre me resultó muy práctico y muy cómodo, sentí que me movía en mi territorio”, destaca.
Una pasión que creó a Magenta Magia
Magui decidida a seguir explorando su interés por la costura; a sus 21 años emprendió camino a Buenos Aires para estudiar Diseño de Indumentaria en la UBA, aunque el paso por allí fue breve debido a las dificultades para adaptarse a un área que se maneja en base a una fuerte competencia. Finalmente decidió continuar estudiando Vestuarismo en la IUNA.
En Buenos Aires fue que decidió comenzar a ofrecer sus servicios de costurera para otras personas, motivada por una amiga. “Hasta ese momento yo siempre lo había hecho para mí y mi gente, porque después de todo a mí me genera mucho placer esto y lo hago por puro gusto, entonces nunca había pensado en poder vivir de esto”, luego de eso, tomó impulso y nació Magenta Magia.
En este proyecto se dedica a arreglar y reformar prendas usadas, pero también a crear ropa de manera consciente. En 2021 volvió a Comodoro y continuó con la misma esencia pero con diseños sumamente diferentes.
Crear y producir de manera consciente
Magui manifiesta que lo que más le gusta de su trabajo es poder generar emociones en las personas que llevan las prendas. En el quehacer diario, encuentra satisfacción en el poder hacer que alguien pueda volver a usar una prenda favorita, reformar algo que era de un familiar muy querido o en crear algo particular para un momento especial.
“Encuentro mucha felicidad cuando veo los resultados en mis clientas, porque en parte trabajo con el cuerpo de la otra persona y eso implica vincularte desde otro lugar, no es sólo una prenda de ropa, muchas veces me encuentro con emociones”, expresa. Y respecto a eso sumó: “La ropa la usamos porque la tenemos que usar, pero también creo que es un lugar en el que podemos identificarnos, jugar y divertirnos, que es muy personal también. No es solo vestirse, también puede ser un lugar lúdico”.
En relación a ello, hizo hincapié que desde su perspectiva la costura le permite involucrarse en las historias de sus clientas y reflexionar sobre lo que significa vestir a otras personas.
“Estoy muy en contra del consumo masivo en general y del hecho de comprar por comprar, por eso mis cápsulas son pocas prendas. No soy una persona que se va guiando por las modas, es más que nada un deseo mío, una intuición mía, no estoy al tanto de qué está pasando en la moda, pero sí sigo a distintos artistas visuales porque me gusta el arte y también me guío mucho por el paisaje”.
Finalmente, Magui Gómez se define como una apasionada: “Puedo estar horas en las máquinas de coser y se me pasa el tiempo. Fueron muchas las cosas por las que empecé a coser, pero después descubrí que es mi pasión”.
Una cápsula de prendas y accesorios con colores de plantas nativas
Magui Gómez, costurera en Magenta Magia, actualmente reside en Comodoro, en un barrio que se caracteriza por estar rodeado de cerros. Analizando su proceso creativo, destaca que sus trabajos han cambiado mucho en comparación a cuando vivía en Buenos Aires.
“Antes vivía en una ciudad de cemento y edificios, si ves mis trabajos de ese momento son muy distintos a los de ahora. Hoy en día estoy trabajando con colores más tierra”, comentó, en relación a su último proyecto de prendas y accesorios hechos con telas que han sido teñidas de manera artesanal con plantas nativas.
Avanzar en este proyecto particular le ha llevado un proceso de aproximadamente 10 meses, que inició en el Taller de Tintes, dictado en diciembre de 2022 en la Biblioteca Sofía Moll, por el grupo “Escondite de Colores” a cargo de Silvia González, Amanda Cordero, Laura Castro y Mabel Segovia.
Se trata de una producción limitada de remeras, gorros y bolsos, entre otras creaciones realizadas en telas 100% algodón que buscan destacar el paisaje patagónico. “Mi intención es traer un poco esos colores de la estepa, de los cerros que habité en la infancia. Traerlos y darles vida para que formen parte del paisaje urbano en lo que es la indumentaria”.
Y agregó: “Muchas son plantas de estación, entonces hay colores que no voy a tener durante todo el año y eso también me parece lindo, porque voy trabajando al ritmo de la naturaleza. La cuestión de la moda y la demanda, lo que hay que usar y lo que no hay que usar, es como que no tienen valor ni importancia en esto, porque los tiempos me los va rigiendo la naturaleza”, manifestó.
Las personas interesadas en conocer el trabajo de Magui, pueden encontrarla a través de las redes como @magentamagia. También, el próximo fin de semana (7 y 8 de octubre) estará presente en el Encuentro de Moda Sustentable y Arte Textil, en el Centro Cultural Mujeres de la Patria, ubicado en Urquiza N° 424, de 14 a 20 horas.