Es voluntaria y junta donaciones para ayudar a unos 14 comedores y merenderos de Comodoro
Alejandra Carrasco se autodefine como voluntaria independiente y hace más de tres años comenzó a accionar en esta vocación de ayudar a quienes más lo necesitan. Colabora con 14 espacios en Comodoro y actualmente recibe donaciones de ropa de abrigo y golosinas para repartir a los diversos comedores en el marco del Día del Niño.
En diálogo con Crónica, Carrasco se refirió a sus inicios en esta vocación que la lleva actualmente a ayudar alrededor de 700 niños y niñas de Comodoro. “Estoy trabajando con distintos merenderos y comedores de la ciudad, arranqué de a poquito con menos espacios pero siempre con un vínculo con las referentes de los merenderos”, dijo.
Acompañada de su familia, que la ayuda en todo momento, Alejandra Carrasco fue creando una forma de trabajar en este voluntariado, con sus tiempos y generando una red de contacto. “Yo recibo donaciones, las voy clasificando, lavo la ropa, lavo los juguetes, veo qué está sano y qué no y ahí y depende lo que se necesite, voy entregando”.
Agregó: “eso va generando una red de trabajo en donde estamos siempre en contacto con los distintos merenderos, con sus referentes, con distintas personas que quieren trabajar en esto o asociaciones, siempre en contacto para poder trabajar de la mejor manera y que las donaciones lleguen a donde tienen que llegar”, explicó.
Colecta de invierno y Día del Niño
Las campañas que organiza Alejandra, normalmente tienen que ver con fechas especiales, como Navidad, la etapa de útiles escolares al inicio del verano, la colecta de invierno y por supuesto la del Día del Niño.
“Sigo recibiendo cosas de invierno porque la gente está necesitando abrigo, pero igualmente ya empecé con la campaña del Día del Niño. La verdad que hace frío, se necesita mucho y la gente sigue donando por suerte. Entonces voy a hacer las dos campañas a la vez”, explicó.
Hablando específicamente de la campaña del Día del Niño, explicó que esta vez el objetivo es llegar a 14 espacios, entre comedores y merenderos, “que van desde el Abel Amaya, San Cayetano, Máximo Abásolo, Balcón del Paraíso, altos de Las Flores, hasta zona norte lo que es kilómetro 14 km, km 8, entre otros barrios”.
En esta ocasión, Alejandra recibirá donaciones de golosinas “porque vemos que es la manera más fácil para que la gente pueda donar. Por ahí si son juguetes, uno tiene que evaluar bien la cantidad de niños, a veces dan más para mujeres y faltan para los varones o hay dificultad para encontrar según las edades. Entonces la mejor manera de llegar a todos los nenes de todas las edades es con una bolsa de golosinas”.
Por otro lado, dijo que muchas personas donan comidas dulces, como tortas, budines o cupcakes, “entonces si sé que en determinado comedor se va a agasajar a los niños en su día, donamos los alimentos caseros a esos lugares”.
Quienes deseen colaborar, lo pueden hacer a través de la página en Facebook “Alejandra Carrasco Voluntaria Independiente” o al teléfono 297 430 3102.
“No solo aumentaron las necesidades, sino que hay menos ayuda”
En estos casi cuatro años de voluntariado, Alejandra Carrasco indicó que después de la pandemia, sumado al contexto económico actual del país, las necesidades de las personas se agudizaron aún más.
“No solo aumentaron las necesidades y las personas en los comedores, sino que hay menos ayuda. Entonces a los merenderos se les está haciendo más difícil porque antes por ahí tenían alguna ayuda o dependían de algún movimiento de alguna parte política y hoy por hoy ya no tienen la misma ayuda” señaló la voluntaria.
Continuó explicando: “tampoco el que ayudaba antes ayuda de la misma manera porque ya le cuesta, entonces el que antes te daba leche todos los meses, ahora ya no puede o no da la misma cantidad”.
En este sentido, Alejandra sostuvo que actualmente los comedores están haciendo un esfuerzo muy grande para sostenerse y que en muchos casos, antes daban alimentos, comidas o almuerzos y ahora sólo pueden proporcionar la leche o la merienda.
“Hay comedores que dicen bueno, mantengo la misma cantidad de niños porque más no voy a poder y demasiado con que pueda seguir ayudándolos, hacemos ese esfuerzo”.
En base al constante diálogo con los referentes o quienes llevan adelante los comedores, Alejandra agregó: “algunos nos plantean que también no solo hay más niños, sino también personas adultas que por ahí trabajan, pero no tienen un sueldo acorde, entonces por más que tengan su trabajo o su changuita, no llegan y piden una vianda o alimentos”.
Ante este cambio de dinámica y desde su lugar de voluntaria, Alejandra concluyó en que “todos tratamos de adaptarnos y de hacer lo que podemos con lo que se tiene y cómo se pueda”.