Gracias Turco...
Habrá sido a mediados de los 90 cuando te juntaste con grupo de amigos con ganas de refundar un club de rugby.
Tenían que repatriar a grandes leyendas de aquel olvidado club, viejos amigos que empujen para consolidar el sueño de crear un nuevo Calafate.
Consiguieron un lugar, el club Santa Lucía en KM3, y organizaron el primer asado (o reunión de futuros socios fundadores).
A la semana siguiente, los hijos de esos viejos amigos, fuimos a entrenar. Todos de edades distintas, una banda de chicos con ganas de probar.
A los pocos días, se sumaron amigos de los hijos, conocidos de los amigos y así se fue consolidando la idea de armar un equipo.
Pasaron casi 30 años y me acuerdo como si fuese ayer los primeros entrenamientos, Cacho y Pepe enseñándonos a que, en el rugby, la pelota se pasaba para atrás.
Éramos todos nuevos, ninguno había jugado antes. A los pocos meses se consolidó el primer equipo de el nuevo Calafate, la M18 estaba lista para jugar su primer partido.
En la cancha de tierra, bajo la montaña, en donde el viento abrazaba la pelota cuando las pateabas, jugábamos de local.
Nos llevó muchas palizas, broncas y tiempo ganar nuestro primer partido. Fue en Caleta Olivia, contra el club San Jorge. El abrazo eterno con los amigos y con papá después del triunfo los llevo siempre conmigo.
Ese club se convirtió en mi casa, ese equipo en mis mejores amigos, nuestras familias en los más fieles hinchas.
Pasaron casi 30 años, se ganaron campeonatos, se formaron grandes jugadores (inclusive alguno llegó a ser Puma). Pasaron las generaciones y hoy el Club Calafate es sin dudas uno de los mejores de la ciudad. Cancha de césped (me acuerdo muy bien lo que renegaron en los comienzos para que, en un lugar prestado, pudiéramos jugar en cancha de pasto, costó tanto que yo no tuve la suerte de poder usarla).
Esa foto que publiqué fue un día de entrenamiento, hicimos pelota la cancha y probablemente nos puteaste en mil idiomas.
Miro esa foto y los recuerdos son perfectos, lo que vivimos ese grupo de chicos fue simplemente hermoso.
Sin tu iniciativa, sin tus ganas y tu fuerza no hubiera sido posible, o hubiera sido distinto.
Gracias Turco... hoy Comodoro y mi día son azul y negro.
Federico Blanco
Homenaje a Daniel “Turco” Neman