Crónica de Malvinas: el día que una enfermera salvó a un soldado dado por muerto
Comodoro Rivadavia quedará anclada para siempre a las experiencias, recuerdos y testimonios de aquellos que fueron parte de la Guerra de Malvinas. Siendo una ciudad estratégica, una de sus instituciones que fue testigo del conflicto bélico, fue el Hospital Regional. Elsa Lofrano, supervisora de Enfermería de aquellas épocas, tiene recuerdos muy claros, pero uno en particular que marcó un antes y un después en su vida.
Hace 40 años, en aquel otoño de 1982, Comodoro Rivadavia ciudad del viento y mar, se convirtió en parte del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS). Por su ubicación geográfica, su infraestructura y siendo sede de la IX Brigada Aérea, y de distintas dependencias de la Brigada Mecanizada IX1044, se volvió protagonista desde un punto de vista estratégico, en la Guerra de Malvinas.
A partir de ese momento, los comodorenses vivirían sus días con el conflicto bélico y su vida cotidiana se vería afectada por el movimiento continuo de tropas, apagones, alertas rojas y simulacros.
En una noticia de Crónica, publicada el 21 de abril de 1982, se expresaba: “La fila de camiones militares, jeeps y otros vehículos, llevando y trayendo elementos desde el aeropuerto a la ciudad, llega en algunos casos a entorpecer la marcha de los automóviles y camiones particulares en el lugar. Ayer a la mañana, una columna llevando dos ambulancias, tres camiones Unimog, más de una docena de jeeps, algunos con remolques tanque de combustible o cocinas portátiles, y de tres de ellos llevando ametralladoras pesadas antiaéreas, junto a varias pick ups con personal, transitaban la Ruta 3 entre la ciudad y el aeropuerto”.
La experiencia de Elsa Lofrano, enfermera del Hospital Regional
El anuncio del conflicto de Malvinas intervino de una manera radical en el Hospital Regional de la ciudad. El personal debió suspender licencias y francos y las ins
talaciones del hospital fueron reacondicionadas para recibir heridos de guerra.
“Se asistieron más o menos a 600 pacientes pero los registros reales no son posibles ya que varias historias clínicas fueron retiradas por personal militar. El ingreso masivo de esta situación tan especial fue el día 8 de junio”, plasmaba en uno de sus escritos Elsa Lofrano, supervisora de enfermería del Hospital Regional. “En menos de 24 a 48 horas, armamos 200 camas más hasta en la capilla del cuarto piso. Toda información solo la podía dar el personal militar autorizado”.
Las enfermeras cumplieron un rol fundamental, no solo en la curación de aquellos jóvenes soldados, sino también por la contención que ofrecían al encontrarse ante la desprotección total a la que fueron sometidos.
“Pies de trinchera -quemados-, heridos por esquirlas, amputados, tenían apetito, vomitaban si comían apurados, lloraban”, describió Lofrano en su escrito que mostró en una entrevista a este diario.
Al hablar sobre aquella época, Lofrano recordó y describió con lujo de detalle, tal que su relato se volvió en un viaje en el tiempo. En ese momento ella se encontraba cumpliendo funciones como supervisora de turno. Había dos supervisoras, una en planta baja y primer piso, y la otra en segundo piso y quirófanos. “Venían lesionados, a algunos le faltaban las manos, un pie o los dos. Acá el Hospital estaba lleno, los primeros cargamentos llegaron con ciento y pico de soldados. Los traían como bolsas de papa”, expuso Lofrano.
Dada su profesión, el estar en contacto con enfermos era habitual. Sin embargo, las experiencias durante la Guerra de Malvinas marcaron de por vida su memoria y corazón. En una de esas tantas, le salvó la vida a Norberto Santos, un joven soldado que fue dado por muerto.
Cuando Norberto Santos volvió a nacer
Las enfermeras estaban bajo bandera, por lo que debían acatar las órdenes del General. “Ese día, trajeron un montón de cuerpos para la morgue”, recordó Elsa Lofrano, quien fue la encargada de abrir la puerta para que descargaran los cadáveres. “Los milicos nos buscaron uno por uno”, señaló.
Una vez los cuerpos en la morgue, el General le grita a Elsa -¡Cierre la puerta! Fue en ese preciso momento cuando, con la mano en el picaporte, Elsa escuchó un quejido tan claro desde la morgue. No dudó un segundo en pedirle la llave a su superior: -Présteme la llave, escuché un gemido, hay uno vivo- le dijo Elsa. Sin embargo, el superior le contestó que no había nadie vivo en ese depósito de cadáveres. A pesar de la respuesta, Elsa insistió en que le diera la llave para verificar lo que había escuchado.
-Si yo le digo que no hay vivos, no hay vivos, métaselo en la cabeza. Y no vayan abrir la puerta porque acá el que desacata mis órdenes le pego un tiro en la nuca-, le contestó el “milico”, según palabras de Elsa.
En concecuencia, Elsa se inundó en un silencio absoluto. Sin embargo, ni bien vio al General salir del hospital por la parte de de atrás, se dirigió hacia Omar Mandolini, el portero de ese momento quien estaba a cargo de las llaves.
-Omar préstame la llave- le susurró Elsa.
- ¡No Elsa! Vos estás loca, ¡vos querés ir a la morgue!- le dijo Omar.
- Sí, porque hay uno vivo, no lo podemos dejar- le suplicó ella.
- Elsa, si vuelve por casualidad el tipo ese, te pega un tiro en la cabeza- le advirtió el portero.
- A mí no me importa, Dios me va ayudar, pero dame la llave bajo mi responsabilidad, yo quiero ir- le dijo Elsa, confiando profundamente en su intuición.
Pasó un momento de silencio y Omar le contestó: - Yo no te la presté, cualquier cosa vos me la robaste- dándosela a escondidas.
Con la llave en mano y a contrarreloj, Elsa volvió a la morgue rápidamente a través de un pasillo tan extenso que, a la vez, se hacía interminable.
Al atravesar la puerta, comenzó a “sacar” los cuerpos tratando de encontrar esa esperanza que había escuchado. El día a día hizo que se acostumbre a manipular a los muertos, por lo que no le dio impresión para nada. Con fuerzas de sus brazos, que ni ella pudo explicar de dónde sacó, comenzó a retirar cada uno de los cuerpos.
Fue así que, antes de llegar a la última fila, lo vio. Era Norberto, boca abajo y estaba respirando. Tenía maltrechas las piernas por el “pie de trinchera” y había sufrido la amputación de un brazo. El charco de sangre que le caía por la nariz, era una catarata. Elsa lo dio vuelta y le acomodó la cabeza hacia el costado para que no se ahogue con su propia sangre.
En ese momento Elsa exclamó a los gritos el pedido a Omar para que la auxiliara: -¡Omar! Traé la camilla que hay uno vivo, ¡yo te dije que había uno vivo!, exclamó Elsa esperanzada.
A una velocidad luz, entre los dos pudieron acomodar a Norberto sobre unas sábanas para luego ubicarlo sobre la camilla. “Cuando estás en apuros sacas fuerzas de donde no tenés”, dijo Elsa mientras recordaba ese momento. Elsa y Omar llevaron directamente a Norberto al quirófano, acción que significó el principio de una nueva vida.
Tanto para ella como para muchísimas enfermeras y voluntarias, la guerra no terminó. Esa herida quedó abierta y con el pasar del tiempo se fueron encontrando con excombatientes y algunas mantuvieron contacto con muchos de ellos. Sin embargo, Elsa aún no tuvo la oportunidad de encontrarse cara a cara con Norberto.
A pesar de ello, el testimonio de Elsa circuló en versión digital, la familia de Santos lo leyó y se contactó con ella. Así, se supo detalles sobre la historia del joven Santos, oriundo de la ciudad de La Plata quien combatió en la guerra como soldado del Regimiento de Infantería Mecanizado 7. En el combate de Monte Longdon el fuego de contrabatería británico le destrozó un brazo y le produjo heridas en el vientre.
Después alguien intentó rematarlo. Fue recuperado por sus camaradas, trasladado primero a Moody Brooke, luego al Hospital de Puerto Argentino y de allí en estado de coma farmacológico por vía aérea hasta Comodoro Rivadavia, según publicó Radio Nacional.
En el Hospital Regional, –después de haber sido dado por muerto- permaneció seis meses en terapia intensiva. Luego fue derivado al Hospital Militar de Campo de Mayo.
“Con Norberto tuve contacto, me ha llamado por teléfono. Antes solíamos escribirnos pero ya no, cada vez que leo una carta de él es para llorar, pero él está bien” dijo Elsa a Crónica. Fue así que el 2 de abril de 2021, Radio Nacional unió sus voces para rememorar ese momento tan especial que marcó la vida de cada uno de ellos.
Por su parte, Norberto se encontró con esta parte de su historia, recién 30 años después, ya que nunca pudo tener acceso a su historia clínica. “El hospital funcionó de primera, había enfermeras, voluntarias y gente que colaboraba”, dijo Norberto en aquella comunicación. En la actualidad, tiene 5 hijos, entre ellos una niña de un año y meses que se llama Malvina. “Le debo la vida a Elsa y mis hijos también le deben la vida a ella”, dijo profundamente agradecido.
Por otra parte, explicó lo difícil que fue reinsertarse en la sociedad, tanto para él como para muchos de sus compañeros. “Nosotros al país entramos por la puerta de atrás, al menos en mi caso y muchos compañeros míos fuimos rechazados para trabajar, no fue lo ideal. En mi caso en particular, con todas las heridas que tuve fue muy difícil encontrarme con la sociedad, fui rechazado y siempre me tildaban de que estaba loco, de que había vuelto de una guerra, o sea nos costó mucho”, expresó.
Entre Elsa y Norberto sigue latente ese sueño de encontrarse personalmente algún día y fundirse en un abrazo de fraternidad, contención y supervivencia.
Su aporte desde la Cámara de Diputados de la Nación
Elsa Lofrano, además, fue una fiel militante en el Partido Justicialista, un espacio que le permitió desplegar su interés y convertir las palabras en acciones por todos aquellos que fueron partícipes de la Guerra de Malvinas.
En este sentido, siendo funcionaria en la Cámara de Diputados a principios de los 2000, elevó un proyecto en el que se exigía un informe sobre el cumplimiento de las normativas que garantizan el acceso y el desempeño laboral de los excombatientes de Malvinas. “Cuando estuve en la Cámara de Diputados de la Nación, no había aportes para todos los excombatientes. Impulsé un proyecto de ley para hacerles una pensión correspondiente. Y salió favorable”, indicó Lofrano.
También fue la impulsora del proyecto de ley que declara de carácter inamovible el feriado nacional del día 2 de Abril, “Día del Veterano y de los Caídos en la guerra en Malvinas”, y que fue aprobado en 2002.
“Nos llevaría otros veinte años resumir el terrible daño que nos ha ocasionado esa guerra, pero nos queda el orgullo de saber que con el correr del tiempo, a los actos de conmemoración del 2 de abril, cada vez se acerca más gente y el pueblo siempre acompaña. Y se mantiene vivo por el temple de los familiares de los caídos, por tener esa fortaleza que no muchos hubieran tenido a pesar de su dolor, por todos los que los 365 días del año recuerdan la gesta y a sus héroes, por aquellos docentes, padres y abuelos que les hablan a sus alumnos, hijos y nietos sobre las Islas y la Nación, ya que haber defendido a la Patria es un privilegio que no luce cualquier argentino”, declaraba Lofrano con el respaldo de sus compañeros en el proyecto de ley.
Veteranos y Caídos en la Guerra de Malvinas representan la historia viva de nuestro país y especialmente de esta ciudad. Cada 2 de abril, Comodoro Rivadavia lo vive como si hubiera sido ayer, con memoria, reconocimiento y corazón.
Fuentes consultadas:
Olivares, María Laura y Martínez, Lorena Julieta (2014) “Malvinas, entre el terrorismo de Estado y la apertura democrática. Un análisis sobre la vida cotidiana y la participación ciudadana en la ciudad de Comodoro Rivadavia durante el conflicto bélico”. Universidad Nacional de la Patagonia Don Juan Bosco.
Radio Nacional.