2022-03-06

A 12 años del homicidio de Daniel Gatica, el recuerdo de una madre

El año 2010 resultó ser uno de los más violentos y sangrientos en la historia policial de esta ciudad. Solamente hasta noviembre ya se habían registrado 30 homicidios, en su mayoría esclarecidos. Entre los más resonantes aquel año figuran los del joven agente de Policía Adrián Manquepán, asesinado a golpes por un experto en artes marciales y boxeo cuando la víctima se dirigía a trabajar a la Seccional Séptima; y también el del empleado bancario Sebastián Fernández, cuyos homicidas terminaron finalmente detenidos, juzgados y condenados.

Pero de esa mayoría de homicidios esclarecidos, hubo uno que quedó impune, pese a que todas las sospechas se centraban en un asesino serial residente en zona norte. Se trata del mismo sujeto que también terminara libre de otro homicidio en las afueras de un pub al costado de la ruta cerca del barrio Castelli, y que finalmente terminara condenado por otro asesinato en el interior de un bar del barrio Jorge Newbery quien arrastró el cuerpo por 100 metros para despistar a los investigadores.

Daniel Alejandro Gatica tenía 22 años y fue asesinado a golpes y puñaladas a las 4 de la mañana del domingo 7 de marzo de 2010 en plena costanera local y por salir en defensa de un ex compañero de la escuela primaria que era atacado por una patota de entre 5 y 6 individuos que habían llegado en un automóvil y que luego escaparon a contramano por la costanera para terminar escondidos en un galpón de Km. 5.

El dolor de una madre

Miriam Gatica tiene 51 años y arrastra el dolor de una madre que perdió a su hijo en forma sorpresiva y violenta cuando restaba poco más de un mes para que cumpliera 23 años. Doce años después lo recuerda de la siguiente manera: “12 años de la ausencia física de mi hijo Daniel. Me cuesta creer que pasó tanto tiempo y a la vez sentir como que fue ayer. Sin duda ha sido un largo camino. Fue muy difícil para mis hijos y para mí, uno de los golpes más duros que recibimos como familia. Nos destruyeron. Pasamos por todo. Fueron días muy duros de dolor e impotencia, desesperación y mucho temor de no saber cómo seguir...

“Hubo un tiempo en que estaba enojada con todo el mundo, con la vida, con la justicia, con el sistema. Luego eso fue canalizado de manera más productiva. La terapia de los grupos es mágica.

“Aún me cuesta aceptar que Comodoro Rivadavia sea una ciudad donde una persona le pueda quitar la vida a otra y quede así, totalmente impune. Pero yo creo en la justicia divina.

“En 12 años pasé por muchas cosas, buenas y no tanto, entre ellas la pérdida de un nietito, más doloroso que llorar por un hijo muerto, es ver llorar a los que están con vida y no poder calmar su dolor.

“Hoy después de 12 años, no es un grito de dolor lo que motivan mis palabras, sino un amoroso recuerdo a su memoria, recordar para no olvidar. Recordar que sufrimos mucho su ausencia y que es inevitable no pensar en Dany ante cada acontecimiento que nos pasa. Hoy nos quedan los recuerdos, esos que nos sacan una sonrisa. Recordar con amor es sanador y me enseñó que aunque la vida te golpee muy fuerte, con el tiempo y solo con el tiempo existe la posibilidad de transformar el dolor si te lo propones.

“Mi hijo Daniel está en mi corazón en cada instante de mi vida, como lo están mis hijos Víctor, Priscila, Yanira y Samira porque siguen siendo ellos los que me dan las fuerzas para seguir adelante. Sin ellos en mi vida otra sería mi historia.

“Si me preguntás ¿qué ayuda en momentos así? Los afectos son fundamentales. Y uno mismo. Tener la capacidad de transformar lo que nos sucede.

“Sin duda las pérdidas nos enseñan a valorar los pequeños momentos de la vida, a mirar con otros ojos y a priorizar otras cosas.

Hoy me siento muy agradecida de que pese al dolor de la pérdida de un hijo sigo en la lucha, tengo salud que es un tesoro invaluable, unos nietos hermosos a mi lado, disfruto de mi cable a tierra que es diseñar y también enseñar bijouterie. Eso es una terapia para mí… La vida debe seguir… el dolor está y de vez en cuando asalta. Pero se sigue adelante”. Daniel Alejandro Gatica tenía 22 años.

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