“La economía argentina post pandemia”
La participación de Martín Burgos, economista de reconocida trayectoria, nacional e internacional, supuso una charla “solo para entendidos” pero que, gracias a la pedagogía propia y a su idea de que la economía debe ser didáctica, entendible y no etiquetarse con los shows de TV que hablan del tema, aportó ideas sobre estrategias económicas que deberían permitir favorecer el desarrollo y la distribución en la Argentina.
En un campo político-económico que suma un tiempo post electoral legislativo, una pandemia que se mantiene algo más distendida pero que provocó un notorio desgaste, la idea de un país post pandemia apunta a mejorar la articulación del sector de servicios en general con los rubros más tradicionales y superar las dicotomías entre la industria y el agro.
En ese contexto, la pandemia sumó el término “planificación”, el que debería volver a tener un repunte teórico en la postpandemia apuntando a diversas ramas de la economía teniendo en cuenta que el desarrollo pensado a mediano plazo es la articulación de los sectores existentes que permiten mejorar la productividad sistémica y las exportaciones, que permitiera lograr un crecimiento sin cuello de botella.
Esfuerzo futuro
En el ideario del economista, el esfuerzo futuro debería abocarse a que los ejes de las políticas públicas de la era post pandemia, en primer término deberían orientarse hacia una potenciación y una mayor extensión de los sectores que trabajan en la frontera tecnológica internacional.
Un segundo eje de políticas es agregar valor a los recursos naturales, articulando cada vez más los recursos naturales con la industria y los servicios. Para eso son necesarias políticas para potenciar las inversiones en hidrocarburos que permitan sustituir las importaciones de energía y exportar gas y petróleo, algo que es posible en el mediano plazo con las reservas disponibles en Argentina.
El tercer eje sería el incentivo a la innovación y la transferencia tecnológica para los sectores industriales rezagados y creadores de empleos.
Mientras que el cuarto eje debería ser el de la promoción para la inserción productiva y social de los sectores informales, en la cual el trabajo debe ser el ordenador de la sociedad. Eso implica una mejora en las condiciones productivas y en las condiciones de trabajo, a través de una creciente formalización del empleo y apoyo a la inserción laboral de las mujeres y los jóvenes, sectores principalmente afectados por el desempleo.