Los portugueses conmemoran tres de sus más importantes fechas históricas
La comunidad portuguesa y luso descendiente de Comodoro Rivadavia, se apresta a conmemorar tres grandes hechos históricos; el 5 de octubre: Centenario de la República Portuguesa; 6 de octubre: fallecimiento de Amalia Rodrigues y el 7 de octubre: Fundación de la Asociación Portuguesa de Beneficencia y Socorros Mutuos de Comodoro Rivadavia.
Durante la jornada de hoy, 5 de octubre, la República Portuguesa celebra el centenario de su proclamación. La nueva forma de gobierno de la vieja nación lusitana, se venía gestando desde mucho tiempo atrás, al influjo de factores internos y externos. Entre los primeros, estaba el descrédito en que había caído la monarquía, corroída por luchas partidarias y la grave inestabilidad política. Entre los externos, se encontraba el descontento que causó el “ultimátum” inglés.
En 1908 el rey Carlos y su heredero al trono, el príncipe Felipe, fueron asesinados en Lisboa. Esto precipitó los acontecimientos, y el 4 de octubre de 1910, se produjo una rebelión encabezada por Machado Dos Santos, y al día siguiente se proclamó la República.
El gobierno provisional fue presidido por don Teófilo Braga, y su primer presidente electo, fue el Dr. Manuel de Arriaga. Establecida la República, de inmediato se creó la nueva bandera nacional, tal como hoy se la conoce.
La embajadora del Fado
El 6 de octubre, se rememora un nuevo aniversario del fallecimiento de Amalia Rodrigues elegida por el pueblo lusitano como “la voz de Portugal”, mientras la escuchaba cantar el saudoso destino de los labradores del Alentejo, de los pescadores del Algarve, de los viñateros del Douro, de los campesinos del Minho, de los obreros de Lisboa, de los isleños de Madeira, Azores y Cabo Verde, y de tantos y tantos emigrantes portugueses que poblaron cada rincón del planeta.
La canción de Amalia, fue, para todos ellos, dondequiera que se hallaren, la voz de aliento y de esperanza, y al mismo tiempo la voz del dolor de la lejanía, convertido en melódica vibración que endulzaba el alma y aceleraba el corazón.

Amália da Piedade Rodrigues nació en el corazón de Lisboa, en 1920, en medio de los festejos de San Juan y San Pedro, con sus marchas, grandes fogatas, procesiones y canciones alegres de todos los barrios.
Su voz densa tenía una extraña vibración interior, un oscuro desgarro, que parecía nacido de las entrañas mismas de su pueblo.
Llevó la voz de su tierra a todos los escenarios del mundo. Todos los pueblos la reconocieron como la embajadora del fado. Se identificó tanto con su pueblo, que hablar de Amália es hablar de Portugal.
Al morir, el Estado portugués la distinguió, depositando sus restos en el Panteón Nacional, donde descansan los próceres más ilustres de la nación lusitana.