2021-10-03

Por el dr. Roberto Suárez Samper

La Patagonia Rebelde: En evocación de los 100 años de las huelgas rurales patagónicas

En evocación de los 100 años de las huelgas rurales patagónicas, y de los 50 años de compartir estas historias con Osvaldo Bayer (1969/2021), el dr. Roberto Suárez Samper ha compartido una serie de pensamientos, aclaraciones y voces históricas que Crónica ofrecerá en una serie de presentaciones con relatos imperdibles de algunos protagonistas de aquella “Patagonia negra”.

Con relatos simples y directos, Suárez Samper destaca gran cantidad de situaciones que, detalla, se tiñeron de algunas “confusiones históricas” pero que él, junto a quien finalmente alimentó una amistad de medio siglo -Osvaldo Bayer- se encarga de ordenar en el tiempo o de contar los verdaderos sucesos.

Más allá de la propia historia de La Patagonia Rebelde, los escritos representan un reconocimiento a diferentes personalidades de la época, la instalación de monumentos, el reencuentro con antiguos militares que participaron en la “normalización de la situación” -tal cual ordenaba el entonces presidente Hipólito Yrigoyen- y en una amplia visión personal sobre el entorno y la matanza de cientos de obreros rurales.

En una serie de ediciones, se presentará una visión personalizada quizás pero que no admite crítica por falta de trabajo o de investigación de lo sucedido, tanto el realizado por Bayer como el de Suárez Samper, uno de los muy pocos “caminantes por la historia” de esa Patagonia trágica.

La Patagonia y su confusión histórica

(Por el dr. Roberto Suárez Samper) La historia patagónica de principios del siglo, y luego de cien años, o sea hasta nuestros días, continúa con la ignorancia de la población argentina, y lo que es peor, con la nuestra, hijos de la tierra sureña.

La Patagonia Trágica hace cien años que está en boca de todos, pero no todos saben de qué se trata. Para la gran mayoría, trágica, rebelde, exterminio indígena, muertes obreras, huelgas, genocidio… Todo está inmerso en una terminología casi centenaria: "La Patagonia Trágica".

Trataremos de develar las tres grandes tragedias para que los patagónicos dejen de ser tan poco conocedores de su propia historia, tan saturada de amos, siervos, esclavos, asesinatos, piratería y corrupción, y todo inmerso en el olvido y lo distante.

La "Patagonia Trágica" no hay duda de que debe su denominación al abogado nacido en Aragón (España) en 1880, José María Borrero. Vivió en Santiago de Compostela, Madrid, Toulouse (Francia), donde se graduó de abogado y posteriormente se establecerá en Bilbao, Lima, donde es profesor en la Universidad, Chile, Trelew y Río Gallegos.

Aparece en nuestra escena en Trelew, defendiendo a un tal Sr. Aidar. Esta familia afincada en Puerto San Julián lo llevará a Río Gallegos, donde se relacionará con los Menéndez Behety y con Mauricio Braun, del cual será su apoderado.

Su transcurrir por estas empresas mercantiles, marcará su destino, dado que junto a ellos y luego denunciándolos a ellos mismos, resentido por el final abrupto de esta relación, insertará su apellido definitivamente en la historia patagónica.

Don José Menéndez, representante de una firma comercial porteña, vendrá a Punta Arenas a cobrarle una dilatada deuda al moroso de Don Luis Piedrabuena, llegará a un arreglo y se afincará para siempre, transformándose como me dijera su nieto, Don Francisco Campos Menéndez, recientemente fallecido, en el "Rey de la Patagonia".

Don Mauricio Braun, brillante joven de origen ruso-alemán-judío, también llegado a Punta Arenas, será un extraordinario escriba, contador y confidente del hombre más rico del sur argentino-chileno de entonces, don José Nogueira.

Era el mismo un portugués analfabeto, devenido millonario a fuerza de la caza de focas de dos pelos, a la ganadería y a la navegación. José Nogueira "El Emperador", se casa a los 40 años con la bella hermana de Mauricio, Doña Sara Braun, de tan solo 19 años.

Este hábil comerciante portugués morirá 3 años después, tuberculoso, en Arequipa (Perú) donde ha ido en busca de mejores aires para mejorar su quebrantada salud.

Sara no estaba preparada para el manejo de semejante fortuna, y delegará en su hermano Mauricio Braun, ahora "el Zar", muy poderoso y listo para competir con "el Rey", José Menéndez.

Para ser breve con lo doméstico, la hija de Menéndez, María, se casará con Mauricio y así nacerán los Braun Menéndez.
Atrás quedarán don José Menéndez, fallecido en 1918, y don José Nogueira, muerto a principios de siglo.

La presencia del indio traerá implicadas dos inquietudes graves para los ganaderos de Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Estos territorios estaban poblados por tehuelches, mapuches o araucanos, y en el Canal de Beagle por yaganes y alacalufes, raza pequeña, de poca impronta, de origen indomalayo que vivieron poco, de vida muy corta, un promedio de 35-40 años y que al entrar en contacto con los navegantes europeos, sus mujeres eran tomadas por los marineros, mientras ellos eran emborrachados y humillados.

Único testimonio de tumba de peones fusilados en huelgas rurales del año 1921. Recuperada en Estancia “San José”, entre San Julián y Gobernador Gregores; y restaurada en 1991. Está en el Museo de Jaramillo, Santa Cruz.

Aquí comenzó la llamada "Primera Tragedia Patagónica". La muerte de la especie antedicha, ocurrió por sífilis, gonorrea, sarampión, viruela y otros contagios del hombre blanco, a pesar de los esfuerzos del reverendo Thomas Bridges y su gente de la "Estancia Harberton".

Los últimos yaganes quedaron para siempre en tierra fueguina, sus canoas pescadoras, con fuego para calefaccionarse, les dieron la suerte de la denominación de la "Tierra del Fuego", no hubieron ni balas ni cuchillos, solamente la tragedia del avance de la civilización.

Este impensado exterminio biológico llevará a Bridges a publicar su notable diccionario yagán-inglés, de novelesca historia, por los años que le llevó rescatarlo, luego de que le fuera robado.

Cabe señalar que yaganes y alacalufes vivían desnudos, con temperaturas de -30 ºC y solamente se alimentaban de mariscos.
Los otros indios de la Tierra del Fuego, en el norte de la misma, eran los onas, grandotes, valientes y combativos. Con ellos comenzarán las hostilidades entre colonizadores y los hijos de la tierra, por la caza de los ovinos.

Las metodologías utilizadas fueron propias de la civilización, el rifle, el veneno y el alcohol.

Los indios verán que el alambre los ahoga de a poco, y los colonizadores observan que los malones matan "el guanaco blanco" (ovejas), diezmando sus majadas y así la lucha fue inevitable.

El gobierno nacional ausente y los dueños de la tierra y los invasores, frente a frente.

Demás está decir que los ganaderos tenían escoceses que se especializaban en cazar a los onas y tehuelches.

Julio Popper, el famoso buscador de oro asentado en la Bahía de San Sebastián, en Tierra del Fuego, pretendió tener patria propia acuñando monedas, escudo, ejército y firme deseo de conquistas territoriales. Cayó en el error humano de exterminar onas y posaba con ellos muertos a sus pies, como si se tratara de trofeos de caza animal.

Ramón Lista, el célebre hombre de la Patagonia y perpetuado en numerosos homenajes y calles de nuestro sur, tiene en su haber una gran matanza indígena, veintiséis en total, que condenarán sus acompañantes de ruta, Spur, Fagnano y Segers.

De poco servirán las reservas Salesianas de San Rafael y La Candelaria, en mano de los padres Bouvier y Fagnano para proteger a los indios de las persecuciones y matanzas de exterminio que sufrirán los auténticos pueblos originarios, sometidos por los dueños de la tierra. Esto ha sido muy bien reflejado en la mejor novela de David Viñas "Los dueños de la Tierra".

La polémica entre José Menéndez y Monseñor Fagnano, porque éste lo acusara de ser rico y poderoso en tierras a fuerza de matar indios, será un tema muy relevante en su época.

Para concluir con la "Trágica", recordemos las primeras matanzas en el sur de Buenos Aires, hasta Choele Choel, dirigidas por Juan Manuel de Rosas y el extermino de Julio Argentino Roca, considerado el peor genocida argentino, que llegó hasta la zona del Senguer. La venta de indios que realizó Roca en Buenos Aires, hombre, chinas y niños, fue la más vergonzante de las páginas de nuestra historia patria y todo en nombre de Dios.

Podemos afirmar sin equivocarnos, que a principios de 1900 muy pocos nativos de la tierra sobrevivían en la Argentina, pero el financiador de la Campaña del Desierto, Martínez de Hoz (abuelo), se adueñó a precios viles de dos millones quinientas mil hectáreas en la provincia de Buenos Aires, muchas de las cuales aún poseen.

"La Patagonia Rebelde" es la otra gran tragedia. Es una página horrible del Gobierno Nacional del demócrata Hipólito Yrigoyen. Los radicales hasta hoy niegan que éste lo supiera, pues por falta de comunicación y cuando supo enterarse, Varela ya había fusilado mil quinientos obreros en la Patagonia. Todo debido a una huelga reivindicatoria de la explotación vil por parte de españoles e ingleses, con la que sometían a los obreros rurales.

Esta masacre prometió ser publicada por Borrero con el título de "Orgía de sangre", pero los originales desaparecieron de su habitación particular, cuando él moría tuberculoso en el Hospital Muñiz, a los 51 años. Venía mal y muy deteriorado por el asesinato de sus dos hijos en Santiago del Estero, cuando él asesoraba al gobernador Maradona. Propio de la vida de Borrero, "La Tragedia".

Desaparecida "Orgía de sangre", hubo un paréntesis lleno de terror donde nadie ni escribió ni dijo nada.

Varela había sembrado la tierra sureña de cadáveres. Era común ver por todas partes escenas de obreros desnudos, muertos, atados a los alambrados o quemados con Kerosene, traídos desde Comodoro Rivadavia, y grupos de doscientos o quinientos esparcidos por toda la tierra sureña.

Con mil quinientos muertos su cuota sanguinaria llenaba de orgullo al Ejército Argentino. Se consumó así "La Patagonia Rebelde".

Y el movimiento libertario de 1921 fue ahogado en sangre y la crueldad desplegada silenció las almas temerosas de todos por 50 años.

A los 6 años yo tenía ya el conocimiento de estos hechos por mi padre, pero nada pude encontrar en mi tránsito por la juventud, hasta que en 1968 en "Todo es Historia", de Félix Luna, leo el primer capítulo escrito por el "Padre de la Patagonia Rebelde", Osvaldo Bayer, que comienza a mostrar al mundo la tragedia oculta. No lo podía creer. Estaba ante mí el secreto cómplice de una nación, de sus historiadores, de sus políticos, de sus gremialistas, solo un hombre pudo atreverse a sacarlo afuera, y así le fue, casi lo matan, sufrió el exilio, se disgregó su familia.

Ver al hoy Gral. R. Gorleri quemando sus libros en la Plaza del Congreso fue el final de su vida argentina y se iniciaban los 8 años en Alemania, lejos de su patria.

Los primeros calores de enero de 1923 en la calle Fitz Roy, en Buenos Aires, presagiaban algo distinto. Varela, el fusilador de obreros, caminaba lo cruza Wilkens, le tira una bomba, lo remata a tiros. La venganza de las muertes sureñas estaba cumplida.
Wilkens es recluido y morirá fusilado por un preso, Pérez Millán Temperley. El vengador de los obreros fusilados es asesinado con la complicidad de la policía, los militares y políticos.

Los líderes huelguistas de entonces, Outorello, español, de Puerto Santa Cruz, Albino Argüelles de San Julián y José Font, conocido como Facón Grande de Jaramillo, fueron hechos prisioneros, torturados y fusilados despiadadamente, sin ningún respeto, siendo saqueadas sus pertenencias por el Ejército y tirados desnudos en la inmensidad de la Patagonia.

El "gallego" Antonio Soto, de tan solo 23 años no se entrega, lucha y escapa a Chile con varios compañeros, entre ellos el "guatón" Luna y el "vasco" Zurutuza.

La hija chilena de Antonio Soto, Isabel, que vive en Punta Arenas, recorre el mundo gracias al rescate que de su padre ha hecho Osvaldo Bayer, ya que es invitada por todos los movimientos políticos españoles del mundo de origen anarquista y veneran así la memoria del gallego Soto en tierras patagónicas.

Facón Grande ya es personaje en Gobernador Gregores, un colegio lleva su nombre, tiene su monumento en Jaramillo, y en Buenos Aires un hotel en la calle Reconquista lo recuerda.

Comenzó la verdad, el reconocimiento a los mártires de la Patagonia, llena de hechos tan dolorosos.
"La vuelta de Osvaldo Bayer", un documental en el que participé, sirvió para rememorar lo ocurrido hace 80 años, y encendió otra vez la curiosidad y la polémica sobre todos estos sucesos.

Todas estas tragedias patagónicas del ser originario argentino o del que vino a poblar con esperanza de inmigrante este sur, nunca imaginó que en uno de los lugares más bellos del mundo no se escapaba de un fenómeno mundial, que es la crueldad del hombre.

En muchos casos como medio de vida instalado en el planeta. Las civilizaciones matan por deber, por religión, poder y casi siempre, todo queda impune. El otro es el asesinato reo, el psicópata, el vengativo, el de los que van a las cárceles. Los otros nunca conocen la reclusión.

Las tragedias que acabo de relatar están precedidas de la más precoz de todas ellas, apenas nacida la patria.

Bernardino Rivadavia contrató a un coronel austríaco de apellido Rauch, para que con sus modernos métodos genocidas, traídos desde Europa, exterminara ranqueles. Son célebres los dichos de Rauch: "Hoy para ahorrar 27 balas degollamos a cuchillo a veintisiete ranqueles, mujeres, hombres y niños, pero se lo merecen, por no tener sentido de la propiedad, y por ser "anarquistas".

Don Juan Manuel de Rosas fue el primer terrateniente en salir a ganar más campos y proteger a sus parientes, llegando a la rionegrina Choele Choel, famoso por su crueldad, llenó de tierras a sus parientes: a los Anchorena y a los Ortiz de Rosas.

Julio Argentino Roca, el que aplastó para siempre a los pueblos originarios con el mayor genocidio, meses después de concluida su magistral campaña financiada por lo terratenientes, y que fue cobrada en especies por estos, en millones de hectáreas, se puso meses después a domesticar a los sobrevivientes, o sea "la auténtica chusma nacional", los indígenas.

Por ello publicaba Roca en el diario "El Nacional": "Hoy llegarán indios prisioneros con sus familias y se repartirán a las distintas familias patricias argentinas, a los indios como obreros, a las chinas como sirvientas y a los niños entregados como premios para ser bien criados y civilizados.

Este trágico escenario humano, cubierto de gritos, alaridos, mujeres suplicantes, hincadas, revolcándose por el piso o con los brazos al cielo, no conmovían a las mujeres, ni a las abuelas, ni a las madres de la sociedad argentina que iban en busca de mano de obra barata. Estos indios, los hombres, atacan y son muertos, otros miran al piso, otros son golpeados. Las mujeres luchan apretando a sus hijos contra su pecho, del que son arrancados violentamente.

El destino de ser mujeres ya se sabrá cual es, sirvientas o mujeres "de uso" de algunos soldados. Todo muy bien pronunciado: occidental y cristiano. El final de estos pobres hombres será ir a la isla Martín García o a los cañaverales tucumanos. Los pocos que sobrevivieron en tierra patagónica, tuvieron el destino que relatamos al principio, no hay duda de que las "Patagonias Trágicas", están llenas de la crueldad argentina.

Deseo dedicar este artículo luego de la cordial invitación de la Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia, juvenil y renovada, a que volviera a escribir una página histórica en su revista, de la que fui director durante diez años.

La dedicatoria es para Vicente Pérez del Barrio, padre de quien me invitó, Marcelo, de Estancia "Numancia".

A mi gran amigo Vicente, notable hombre de bien que tanto me deleitara con historias de una época de la Patagonia.

Dr. Roberto Suárez Samper
Médico nefrólogo
Historiador Regional
Ex Jefe Clínica Médica Hospital Regional
de Comodoro Rivadavia

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