Crímenes conmocionantes en Comodoro
El secuestro y asesinato de Ramona García de Barrionuevo, y el de su esposo Ricardo
Entre los últimos minutos de la noche del miércoles 31 de julio y madrugada del jueves 1 de agosto de 1991 a Ramona García viuda de Barrionuevo (57) la sacaron del departamento que alquilaba en el Pasaje Los Patos al 2.200 donde por la noche había cenado con su amigo Agapito B., y la llevaron engañada a otro departamento de un inquilinato de la calle 13 de Diciembre 441; allí la esperaban otros dos hombres, uno armado con un revólver que directamente la recibió con un culatazo en la cabeza. Seguidamente le sacaron la cartera, desplegaron sobre una mesa lo que había en su interior y se quedaron con 300.000 australes que se repartieron en tres partes, un reloj y un encendedor.
Fue el principio del fin para la responsable del transporte público de pasajeros de la empresa “Comodoro”. Los 3 hombres que la privaron de su libertad la subieron luego a su Ford Sierra y emprendieron viaje rumbo al sur de la ciudad. Es más, pasaron Rada Tilly, 10 kilómetros más al sur, hasta llegar a la playa “La Herradura”. El primer informe judicial de aquellos tiempos da cuentas de lo siguiente: Se acredita: “a) El hallazgo del cadáver de quien en vida fuera Ramona García y la posterior autopsia médico legal practicada por el cuerpo médico forense -Dr. Calixto González- donde se concluye que la muerte se produjo por traumatismo de cráneo mediante un objeto no metálico, dada la inexistencia de tajo en la piel, comprimiendo el bulbo y protuberancia contra el agujero occipital, lo que provocó un paro cardiorrespiratorio irreversible”. Todo esto después que la noche del viernes 2 de agosto en horas de la tarde casi nocturnas ya, encontraran el cadáver de la infortunada mujer en una laguna, en la soledad de un campo cercano a la playa “La herradura”, a unos 300 metros de la ruta nacional número 3.
El Ford Sierra de la víctima había aparecido horas antes del macabro hallazgo abandonado en el Pasaje Eloff, cercano al domicilio donde ella residía en barrio Jorge Newbery. En ese mismo lugar la víctima había cenado la noche del miércoles con su amigo Agapito que luego testificaría que estando en plena cena, cayó Gustavo Rosales, amigo de Ramona, invitando a la mujer a que la visitara más tarde en su departamento de la 13 de Diciembre. “Te tengo una linda sorpresa” habría dicho Rosales. “Después voy” dijo Ramona, sin saber ni imaginarse que esa comida que saboreaba sería su última cena.
Pero con el hallazgo del automóvil primero y, muy lejos de allí, el cuerpo sin vida de la víctima, se re comenzaría otra historia, una que rememoraría otro hecho macabro ocurrido 4 años atrás: el secuestro y asesinato de Ricardo Barrionuevo, esposo de Ramona García. Su cuerpo desfigurado y con evidentes signos de haber sido brutalmente torturado e incluso las uñas de sus pies arrancadas con pinzas, dejaban entrever el grado de ensañamiento contra su persona.
Tanto los nuevos como viejos investigadores y hasta el nuevo juez de la causa, asociaron de forma inmediata ambos casos. Ya ataron lazos. Y pusieron en vilo a varios personajes oscuros que suponían haber planeado el crimen perfecto. Hasta ese momento, se sentían intocables, inimputables y hasta dueños y señores por considerarse poderosos y amigos de jerarcas del Poder Judicial y hasta de “Aquel comisario que recibió un buen dato para llegar a la verdad por parte de dos de sus subordinados que habían detectado en un galpón del barrio Industrial un vehículo semi tapado en polvillo y con el famoso maletín con importante documentación perteneciente a Ricardo Barrionuevo”. Ese comisario llamaría luego a esos dos subordinados para decirles haber “chequeado el dato, pero olvídense, hagan de cuenta que no vieron nada”.
El cadáver de Ricardo Barrionuevo aparecería 45 días después de su secuestro en un galpón abandonado de la zona de El Tordillo, al costado de la ruta 26. Se rumoreó que durante todo su cautiverio lo mantuvieron en un sótano de una casa de Diadema Argentina y que después se hizo más fácil por aquellos tiempos trasladar el cuerpo por la ruta de ripio 39 que comunica Diadema con la ruta 26.
Mucho de esto empezó a salir a la luz 4 años después con la muerte de Ramona García. Esta investigación puso muy nerviosa a muchas personas que conocían o habían participado del cruento episodio policial comodorense. Serían esos los motivos que motivaron mensajes mafiosos, amenazas a familiares y comisarios y pinchaduras de teléfonos, incluyendo los del Juzgado de Instrucción número 3.
Fueron muchas preguntas sin respuestas que sirvieron para reactivar la causa por el secuestro y homicidio de Ricardo Barrionuevo que pasó a manos del entonces Juzgado de Instrucción número 2 a cargo de Oscar Herrera.
Todo quedaría en el olvido. Sin embargo la investigación del homicidio de Ramona García tendría un giro de 180 grados y recaería la responsabilidad en tres delincuentes comunes, los que también fueron tejiendo sus propias historias tras ser condenados a prisión perpetua.