Sr. Director:

Cuando terminaron con él, el cadáver de la la víctima pesaba apenas 43 de los 80 kilogramos que había pesado en vida. Había estado encerrada durante 372 días en un pozo demasiado estrecho hasta para acostarse, siendo sometida diariamente a torturas que se repetían varias veces durante cada jornada: golpes y lesiones, asfixia, interrupción del sueño, frío, calor, hambre, sed...
Mal que le pese a los asesores presidenciales Verbitsky, Carlotto, Almeida y Bonafini, y para sorpresa del multipartidista Alberto Fernández, lo narrado anteriormente no fue obra de un asistente al Curso de Comando del Ejército Argentino -como a todos ellos les encantaría hacernos creer- sino de terroristas subversivos locales a los que el presidente llama hoy "héroes de la década del 70".
La víctima fue el TCnel. Argentino del Valle Larrabure, quien fue torturado durante todo su encierro (desde Agosto de 1974), que finalizó al ser muerto por estrangulamiento por aquellos asesinos.
Con el tiempo sus torturadores contaron, burlonamente, que el militar enfrentaba cada nuevo martirio cantando el Himno Nacional Argentino y que, pese al castigo, jamás reveló información de utilidad a la guerrilla.
He aquí un claro ejemplo histórico de cómo un verdadero soldado enfrenta la tortura de un enemigo que -como los miembros de ERP y montoneros- no respeta regla alguna.
La aparente estupidez supina de no entender que muchos militares son preparados para saber afrontar la tortura, y no para aplicarla, no hace más que demostrar el oscuro objetivo que parece perseguir la clase gobernante y sus amanuenses: la de dejarnos indefensos ante quien quiera presentarse a la conquista de los argentinos.

Atentamente,

Horacio P.Zaratiegui
D.N.I. 13.232.552
Martínez, Buenos Aires