Opinión......
Con una recurrencia a estas alturas bastante cansadora, el presidente de la Nación ha vuelto, en este caso desde la tarima ad hoc alzada en Luján, ha dedicado la respectiva parrafada a las "privatizadas". Específicamente se refirió (es un decir, porque en verdad gritó un poco) al conflicto suscitado con las compañías de electricidad. En un tono francamente descorazonador, Kirchner dijo que tales compañías "pueden apretar lo que quieran, pero hay un presidente que está dispuesto a hacer lo que tiene que hacer". También dijo que "se equivocan si creen que me van a llevar por delante con presión" y otras consideraciones del mismo estilo. Insistió, quizá un poquito más prudente esta vez respecto de cuando se produjo el apagón por la caída de las torres en Ezeiza, y dijo en tono amenazante: "yo puedo pensar muchas cosas, la verdad es que viendo la historia que han tenido (las empresas) uno les tiene poca credibilidad". Desde ya que inmediatamente se unieron al discurso presidencial los consabidos ministros Fernández, especialistas en explicaciones de las explicaciones.
Esta mañana fue entrevistado en la radio el Ingeniero Riesnik, representante de las empresas transportadoras de energía, que no son las que la fabrican vale aclarar, y dijo que para él esta discusión tenía un muy bajo nivel y que se trataba de "fulbito para la tribuna" lo expresado por Kirchner. Luego siguió Aníbal Fernández, metiendo entre sus frases las consabidas malas palabras para parecer macho, digo yo. O popular, qué más da.
Me parece importante analizar este asunto desde la gravedad que evidentemente tiene, dejando de lado la patética gimnasia verbal de los "expliqueitors" de turno, y por supuesto las bravuconadas presidenciales, que más parecen destinadas a satisfacer la envidia y el resentimiento de la izquierda naif que a otra cosa.
Pero es preciso, sin embargo, aclarar los tantos un poquito. La presión de las empresas, si existe, no es distinta a la que ejerce el mismo presidente contra el FMI o contra los acreedores externos, a quienes el ministro de economía les "ofreció" una quita del 75% de sus acreencias, con el evidente ánimo de, justamente, empezar a negociar desde una posición holgadamente favorable a la posición del Poder Ejecutivo en la materia. De manera que es conveniente distinguir, antes que nada, la presión negociadora, del "apriete" que consiste en cortar la luz a propósito, por ejemplo. Esto último es de una gravedad inusitada, y lo que debería hacer el presidente es demostrarlo y quitar la concesión de inmediato, del mismo modo que echó al jefe de la policía, por ejemplo. Y si no puede probarlo, mejor sería que hiciera un módico mutis por el foro.
El ministro Aníbal Fernández, en su verborragia, afirmó esta mañana que es preciso revisar los contratos y renegociarlos, y que éstos son 62, y que el gobierno lleva cuatro meses en el poder. Cabe aclarar también aquí que la obligación de renegociar los contratos está en la misma ley de la concesión y por lo tanto no se trata de una, a su vez, concesión, sino de una obligación que el gobierno nacional viene postergando desde el 6 de enero de 2002, que fue cuando la devaluación cambió la situación accionando automáticamente el dispositivo legal de la renegociación. También dijo que el Ing. Riesnik le había faltado el respeto al presidente al hablar del "fulbito", sin tener en cuenta, por supuesto, que el presidente está acusando a las "privatizadas" de mafiosas, desde prácticamente que inició su gestión.
Vayamos a la lógica de las cosas, para no perder más tiempo en esta parafernalia de vacuidades. Las tarifas de los servicios públicos tienen un componente impositivo que supera holgadamente el 50% del precio total, de manera que el Estado ha sido y es socio en la recaudación. El Estado ha resignado en este lapso dos tercios de la recaudación en dólares por este concepto, lo mismo que las empresas concesionadas. Cabe recordar que esta pérdida es consecuencia de la estafa devaluatoria duhaldista. Y todo esto es sabido, pero hay algunas cositas que sigue siendo importante considerar.
Es evidente que las empresas de electricidad necesitan pagar sus deudas en dólares y a su vez adquirir o actualizar sus equipos, lo cual también debe ser hecho en moneda dura. A su vez, ciertos costos se han convertido a pesos y por lo tanto han bajado su valor en dólares. De tal modo, las tarifas deberían subir hasta lograr una ecuación entre ambos flujos de fondos.
El Estado tiene un problema similar: recauda impuestos en pesos, que equivalen al tercio de los dólares de 2001, pero con ellos paga sueldos que son la tercera parte, y trata de negociar un pago de la deuda externa del 25%, porque hasta ahora no la ha pagado, al menos a los acreedores privados. Es por eso que muchas "privatizadas" están en default, porque los pesos recaudados no le alcanzan para pagar sus deudas en dólares, igual que al Estado.
Un reajuste "selectivo" de tarifas, tomando en cuenta la llamada "tarifa social" implicará subir mucho el precio a los que consumen más, y poco o nada a los que consumen menos. Algo así como ir a comprar un paquete de caramelos y que te lo cobren un peso, y si te llevás la caja de cien, que te lo cobren 120 en lugar de hacerte un descuento por cantidad. Pero asumamos que así es la vida y la política y sigamos pegándole al inescrupuloso "mercado", en lugar de abrir la posibilidad de que vengan 100 empresas de electricidad a ofrecer el servicio para generar competencia y respetar el artículo 14 de una santa vez. La suba del precio de la electricidad deberá ser tal que permita cerrar la ecuación mencionada, y así se pactó con el FMI aunque los Fernández y compañía prefieran hacer el coro contra las "privatizadas" según las órdenes recibidas. Y justamente porque se pactó con el FMI es que sobrevendrá el ajuste, piernita de Bush mediante. Digan lo que dijeren.
Pero es preciso ir al fondo de esta cuestión una vez más. El fondo es que el dólar cuesta hoy 2,85 pesos porque la inseguridad jurídica y la incertidumbre lo mantienen alto. Y también vale ese precio porque el Estado "interviene" emitiendo moneda y comprando dólares para "sostener el precio". Y por qué el Estado "sostiene" el precio del dólar: para que ingrese más dinero a las arcas públicas en concepto de las llamadas "retenciones a las exportaciones", que hoy promedian el 23% de las ventas brutas al exterior en pesos. Una enormidad.
De manera que si escarbamos un poco podemos ver dónde está el problema: las tarifas son muy bajas en dólares porque el Estado impide que la divisa verde baje de precio, tanto directamente comprándola con emisión espuria, como indirectamente generando incertidumbre.
Y la necesidad de mantener el precio del dólar y de recaudar, se produce porque el Estado sigue gastando dispendiosamente lo recaudado sin llevar a cabo el más mínimo acto de contrición al respecto.
Ahora veremos si el tan discutido ajuste de tarifas de servicios podrá ser soportado por el mercado, porque tengo mis serias dudas de que así sea. Porque del mismo modo en el que los precios de productos básicos han debido caer considerablemente es obvio que un incremento provocado por el encarecimiento del servicio eléctrico tendrá la misma consecuencia. De manera que la consecuencia sería una baja de la demanda de electricidad en caso de aumentos de tarifas. Y tal baja, señores, es la marca de la no reactivación.
Bien. Y para terminar un parrafito a la falta de inversiones en el sector, que tanto declaman Kirchner y los suyos: por un lado la depresión económica que arrancó en 1998 bajó el consumo y mermó por lo tanto el recurso tarifario, por el otro la devaluación hizo estragos.
Exigir inversiones conlleva respetar la legalidad y renegociar los contratos. O como queda dicho, sacar la concesión y hacerse cargo. Pero lo que debería ocurrir es que de una vez se abriera el mercado eléctrico terminando de un saque con tanta discusión inútil.
Kirchner, dicen que esto jamás lo hará. Me permito dudarlo. A fin de cuentas es un político.


OSCAR COLMENÁREZ
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