EL DELIRIO POR EL PODER

Por Carlos J. González Cabral, ex Secretario
Político del Ex Presidente Dr. Arturo Frondizi


El país debe recuperar la vitalidad perdida y la conciencia nacional. La acción política debe ordenarse para no desgastarla en esfuerzos aislados y declamaciones que aparecen como demagógicas ante la falta de planes concretos y la decadencia dirigencial. La crisis económica y de confianza que sufre la República, sin perspectivas por ahora muy confiables de solución, afecta peligrosamente la convivencia entre los argentinos. Para avalar esta reflexión basta con citar algunos dirigentes que se proclaman líderes de los pobres y desocupados, mientras discuten públicamente entre tomar la casa de gobierno o defenderla a tiros, y otros ordenan quemar y saquear sedes de empresas y pequeños emprendimientos comerciales.

Se está asistiendo a la pobreza y marginación social sin ninguna contrapartida de esfuerzo por parte de los beneficiarios. Tal procedimiento no sólo está entorpeciendo la vida normal de los ciudadanos y poniendo en peligro su seguridad, sino que fomenta la ley del menor esfuerzo y la adicción a vivir de la limosna estatal, la que sigue funcionando como un salario para hacer política a favor de determinada maquinaria de poder. Esto se expresa sin perjuicio que debe reconocerse y denunciarse la existencia de un pueblo abandonado a su suerte por la traición de la dirigencia política. Tal dirigencia es rechazada, no sólo por la gran mayoría del pueblo argentino, sino en general ocurre en los de toda América Latina. Las mismas, desde hace muchos años, se han limitado a trasmitir el mensaje y las órdenes que reciben de los poderes internacionales que construyeron y regulan la globalización. El llamado “nuevo orden mundial” no sólo ha ensanchado vertiginosamente la brecha entre las naciones subdesarrolladas y las prósperas, sino que ha borrado las fronteras y destruido el poder de autodeterminación de las naciones.

Quien escribe esta nota opinó en 1995 que la política argentina se asemejaba en muchos aspectos a la política comercial cinematográfica de los grandes estudios, los que periódicamente lanzan al mercado antiguas películas pero con otros actores, avanzadas técnicas de sonido y efectos especiales. La diferencia está que en nuestro caso la mayor parte de los actores son los mismos, sólo que más viejos y con cuantiosas fortunas amasadas en la traición a los intereses soberanos de la Nación en beneficio de los extranjeros y el corrupto desempeño en la función pública. Para el caso argentino y el de la mayoría de los hermanos iberoamericanos, el final es siempre el mismo: La Nación obligada a negociar su dignidad para sobrevivir y los pueblos sometidos a privaciones criminales.

Es imprescindible recuperar a los partidos políticos como organismos idóneos y auténticos de participación ciudadana democrática, para lo cual debe imponerse un recambio inmediato de dirigentes. El funcionamiento de dichos partidos ha destruido toda posibilidad de dar respuestas a las frustraciones y expectativa de los jóvenes argentinos y del continente. Las nuevas generaciones no advierten en los mensajes políticos diferencias programáticas que les permitan soñar y trabajar para una convivencia civilizada que se asiente en la Justicia, en la dignidad del trabajo, en el acceso a todas las fuentes de la cultura y que tenga al ser humano como fin supremo. El tratamiento dado a comunidades indígenas en vísperas electorales es un terrorífico ejemplo de lo que se expone.

La usura internacional sigue planificando a través de sus tecnócratas la forma de vida que se les impone adoptar a los pueblos. Esto contó con la asistencia intermediaria y complicidad de economistas argentinos, algunos de los cuales aplaudieron los poderes especiales otorgados a Domingo Cavallo para rematar el país, pero hoy con total descaro dicen apoyar al gobierno. Hacen de la especulación el objetivo prioritario para cuyo logro marginan a “los hombres concretos, las familias, los ancianos, los pobres y los niños”. Desde el renacer de la democracia la voluntad popular manifiesta en las urnas según las promesas de las campañas políticas y la imperativa necesidad de un cambio de fondo, ha sido traicionada sin escrúpulos por los negocios y negociados, el debilitamiento sin límites del Estado y la aceptación de una deuda externa fraudulenta.

Las trenzas políticas, la demagogia, y todo tipo de asistencialismo a la pobreza, siguen siendo herramientas para perpetuarse en el poder y seguir estafando a la voluntad popular. Conocidos dirigentes de probada deshonestidad, los que contra toda lógica y justicia sólo conocen las cárceles por fuera, siguen regresando al poder, inclusive con el apoyo del gobierno nacional, como se pudo observar en las últimas contiendas provinciales. Muchos políticos retornaron después de haber cerrado los ojos a las masivas privatizaciones y negociados de la era menemistas, con el consiguiente detrimento de las fuentes de trabajo, la educación y la salud y el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres. Cuando asumió el presidente Kirchner expresó: “Cambiar es el nombre del futuro”. Dado que se declaró peronista viene al caso traerle a la memoria palabras pronunciadas por el Gral. Perón en 1972: “La situación argentina no tiene solución dentro de un juego de facciones y pasiones. O entre todos los argentinos unidos y solidarios encauzamos los problemas o esta situación queda sin arreglo posible”.

El famoso “estilo K” tendría una razón de ser si incluye elaborar un proyecto de desarrollo nacional que se ensamble con la rápida transición que vive la humanidad, para cuya realización nuestro país posee todos los elementos humanos y riquezas naturales. Es bien sabido que no hay soberanía real y efectiva si no hay autodeterminación económica y ventajas comparativas con el resto de los países que faciliten negociar e integrarse con dignidad. Para estos fines es prioritaria la integración nacional, lo que nunca se logrará en el marco de una guerra entre feudos provinciales y sindicalistas que actúan como caudillos políticos que luchan por el poder, tienen vínculos estrechos con dirigentes corruptos y se han enriquecido sospechosamente.

Por ahora no se vislumbra un plan coherente para intentar concretar la alternativa prometida. Sólo estamos en presencia de una simple alternancia en el gobierno, muy bien programada por el ex presidente que colocó la banda presidencial al presidente Kirchner apuntando a su retorno al poder. Las posibles propuestas se encierran en un círculo indefinido entre viajes, entrevistas, afectuosos abrazos y desmentidas por parte de funcionarios. Simultáneamente se da el absurdo que José Luis Machinea, testaferro desvergonzado del establishment angloamericano y uno de los grandes responsables de la ilegítima deuda externa argentina es designado director ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y los corruptos gozan de buena salud. Dios quiera que el delirio por el poder no perturbe la razón frente al drama nacional que nos empuja al caos total.-