|
Señor
Director:
Halloween.
Esta fiesta, en apariencia, insignificante,
que hizo decir, hace unos días, al cardenal italiano Ersilio
Tonini: “Ciertamente no tiene nada de religioso”, encierra
un sentido antifemenino y representa el sometimiento de las mujeres.
Éstas, en la Europa precristiana, mantenían un rango
predominante. Se dedicaban a las ciencias: la herbolaria o virtudes
de las hierbas, la medicina, la obstetricia, la transformación
de las sustancias, la astrología; estudiaban canto, costura
y eran sacerdotisas de divinidades femeninas y masculinas de esas
épocas, en especial del dios con cuernos, adorado en casi
toda Europa, bajo diversas apariencias: como el pastoril Pan en
Grecia o el Aker (en vascuence, chivo), el Cernunno celta y varios
otros; antropomorfos, pero todos con cuernos y algunos con barba,
cola y patas de cabra. Deidades bucólicas; relacionadas con
la agricultura, la fertilidad, la vida, el amor, la música
y la naturaleza. Además de curar los enfermos, estas sacerdotisas
eran depositarias de la tradición y del nacionalismo de sus
pueblos, presidían algunos actos públicos y hacían
gala de gran sensualidad, belleza e independencia; druidesas, entre
los celtas, sorginas (del vascuence sortu: nacer, concebir, y egin:
hacer: hacedoras de nacimientos o parteras), entre los vascos. Todas
estas características atrajeron la atención del Santo
Oficio, apoyado por la conveniencia de los diversos reyes que extendían
sus dominios sobre esos territorios de enemigos paganos. Los inquisidores,
si bien muchos tenían sus barraganas, no estaban dispuestos
a tolerar la sensualidad, la liberalidad y la importancia de estas
mujeres que competían contra su dios, su autoridad…
y contra su propio oficio. Se redactó el “Malleus Maleficarum”,
(Sprenger, 1487), manual escrito para la condenación de estas
mujeres a las que se denominó brujas. De jóvenes y
bellas, se las hizo viejas y feas; se las asoció con el demonio;
lo mismo se hizo con su dios, que de benévolo se lo transformó
en maligno, y su imagen quedó para siempre como representación
del diablo. Las fiestas de la naturaleza, en honor de Aker (chivo)
que se celebraban en la pradera (del vascuence, larre): akelarre,
fueron el blanco de las crueles razias de la Inquisición.
Solamente en la primera mitad del siglo XVII, 60.000 mujeres fueron
denominadas brujas, torturadas y condenadas a la hoguera. La mujer,
que hasta ahí, había tenido su preeminencia, quedó
sometida, intimidada, mutilada en su sensualidad y apartada del
poder. Vestida ya con su cofia y su saya…, la reencontramos
en la edad media.
Alejandro Sicardi
Médico - Docente de Salud Mental
Facultad de Medicina de la UBA
sicardi@sicardialejandro.com
www.sicardialejandro.com
LE: 5172199
|
|