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Domingo 20/04/2014
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Comodoro
Domingo 12 Agosto 00:15
“Detrás del Puente” continúa homenajeando a pobladores de Presidente Ortiz
A partir de narraciones construidas por parte de sus protagonistas o por medio de sus familiares, la Asociación de Rescate Histórico “Detrás del Puente”, realiza un homenaje de los antiguos pobladores del barrio Presidente Ortiz. En esta oportunidad, el homenaje está realizado a Nikita Kochowicz, cuya historia se reconstruye a partir de los recuerdos de su hijo Miguel.

Es así, que desde “Detrás del Puente” se recordó al antiguo poblador Nikita Kochowicz, quien llegó a la Argentina por primera vez en 1936, procedente desde Bielorrusia, de donde escapaba de la guerra. Luego de desembarcar en Buenos Aires, se trasladó de forma inmediata a Comodoro Rivadavia y empezó a trabajar en Astra, dentro del área petrolera. Sin embargo, Miguel, hijo de Kochowicz indicó que “el ambiente laboral no era lo que esperaba, el trato con sus superiores fue muy negativo, al sacrificio de caminar 15 km para ir y volver desde su casa a su lugar de trabajo,  se sumó el carácter hostil con que lo trataban por lo que trabajó en esa compañía 3 ó 4 meses nada más. Ingresa entonces, al Ferrocarril en Km.5 pudiendo relacionarse allí sí, inmediatamente con sus compañeros”. 

Cuando regresa a su pueblo  (Minsk, a 180 km de la capital de Bielorrusia,) se encuentra con que los polacos lo habían invadido, por lo que se vio obligado a cumplir con el servicio militar y aprender el idioma. Allí estaban su esposa Anna y la primogénita Bárbara que fueron obligadas también a tener documentos polacos. Con estos documentos viajan a la Argentina en 1939, y para ese entonces, Nikita  ya estaba nuevamente de regreso en Argentina, de modo que luego se trasladaron a Comodoro. 

Por su parte, Miguel destacó que se siente orgulloso por su padre que falleció siendo él aún muy chico, y lo recuerda como una persona culta, que gozó de muy buen concepto dentro de su colectividad, “incansable lector, tenía amplios conceptos de geografía e historia que compartía con paisanos y no paisanos matizando las horas de trabajo”. A su vez, se informó que “trató de mantenerse comunicado con su familia y la de su esposa, enviando numerosas cartas que nunca llegaron a destino; la Cortina de Hierro impedía la entrada y salida de correspondencia; eso hizo que se sintieran muy lejos de sus afectos y con el tiempo creyeron que habían muerto a causa de la guerra; esto no fue así, nos dice Miguel, pues ya de mayor, con su esposa e hijos viajó al pueblo de sus padres en 1996 y conoció a los familiares que presumían que habían desaparecido”. 

Pionero en los ferrocarriles 

Asimismo, Miguel recordó que su padre se desempeñó en el Ferrocarril, donde atendía los trenes como encargado de las calderas, las cuales estaban revestidas de ladrillos refractarios, el fuego que las alimentaba producía una fuerte combustión, por lo que los ladrillos se consumían, de modo que el trabajo de su padre, consistía en la reconstrucción de dichas paredes. Sin embargo, dicho trabajo le causaba serios inconvenientes en su salud, debido a que salía de un ambiente muy calefaccionado en los galpones donde se guardaban las locomotoras, y como estaban muy cerca del muelle, al salir, el aire de mar le afectaba mucho. 

Más allá de trabajar en los talleres, Kochowicz también participaba de las cuadrillas que se trasladaban a destapar los trenes que quedaban en la pampa cubiertos de nieve.

El anhelo de regresar a su tierra natal 

Al igual que muchos inmigrantes, Kochowicz mantuvo siempre muy buena relación con sus connacionales, y la nostalgia de su Bielorrusia natal, hacía que rondaran en su mente los deseos de regresar. Si bien nunca manifestó si era con idea de quedarse o para visitarla, no llegó a cumplir dicho sueño, debido a que por problemas de hipertensión, fallece en 1951. 

Es así, que Anna queda sola a cargo del hogar, con la responsabilidad de cuidar por su hijo e hijas, de modo que se adaptó al país y obtuvo la ciudadanía argentina. De esa manera, Miguel recuerda “guardo emotivos y gratos recuerdos, compartidos con amigos como Coco Basiloff, Dante García, Curán, los Roberts, Agüero, Dimitroff, Hermanos Fernández, Alfredo Hansen y tantos que se me escapan los nombres… jugar al fútbol, colarnos en la pileta de natación, los días de clase en la siempre recordada Escuelita Nº 37, ir a la costa cuando las marejadas depositaban enormes cantidades de langostinos o sardinas, y recolectarlos para llevarlos a casa”. 

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